Democracia cotidiana y Bien común

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Democracia cotidiana y bien común: propuestas de FyD

Familia y Desarrollo es una organización que tiene por objeto entregar herramientas de democratización de decisiones. Consideramos que hay una relación crítica entre participación individual, democracia cotidiana, y mejora del bien común.

Proyecto de vida y participación

Cuando la gente puede hacer un Proyecto de Vida, entonces la gente disminuye la fuerza externa que determina su vida. Con un Proyecto de Vida la persona determina y prioriza lo que le interesa y lo que va a hacer, o lo que no va a hacer, lo que va a vivir o no vivir. Hace su horario, su agenda, con quien se relaciona o con quien no. Cuando las personas se ponen metas y tienen claro a qué tienen que renunciar para conseguirlas, y qué tienen que hacer para realizarlas, verdaderamente tienen mucho más soberanía sobre su vida y más probabilidades de avanzar y tener éxito. Asimismo, todas las metas y proyectos individuales o grupales necesitan que identifiquemos en qué relaciones con otros estamos, y poder evaluar qué relaciones son alianzas que nos ayudan a que nuestras metas se cumplan, y qué relaciones son en verdad obstáculos.

Una comunidad compuesta de personas que tienen sus prioridades claras, genera condiciones para construir una comunidad democrática. No hay participación responsable, si las personas y grupos comunales, no han identificado claramente sus objetivos y metas. Si no saben hacia donde quieren ir, no sabrán qué negociar y cómo participar.  Donde las personas y familias identifican intereses comunes o distintos, dialogan y negocian y se ponen de acuerdo –aun pensando distinto en muchos casos- y se dan tareas, ceden en sus puntos de vista en la lógica de ganar todos como comunidad, se construye una democracia. Por el contrario, no hay democracia si las personas y familias -de manera individual- no tienen claro cuáles son sus objetivos y prioridades, y si tampoco tienen los valores y cultura para fortalecer las formas de negociar y ponerse de acuerdo.

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"Familia y Desarrollo trabaja prioritariamente para que las personas que se encuentran en situaciones vulnerables, accedan a tecnologías simples para que planeen su vida y cumplan sus metas."

En este punto, la contribución de Familia y Desarrollo a la democracia es impulsar la mayor participación individual y colectiva, haciendo que la mayor cantidad de gente posible, de un asentamiento humano, de una zona de un barrio, de una comunidad cualquiera, logre hacer el ejercicio e identificar su proyecto de vida.

"Familia y Desarrollo ofrece trabajar con las personas que lo necesiten, que lo requieran y que estén interesadas, para que tengan su proyecto de vida y sus metas claras."

Vida asociativa para la democracia cotidiana

Las comunidades, salvo que estén espantosamente enfermas, tienen en su interior un tejido con articulaciones de diversos dinamismos, vocaciones, sentidos, potencias y que es en esas articulaciones donde está su riqueza. La vida asociativa pone en valor y muestra la riqueza de una comunidad.

FyD impulsa que más miembros de una comunidad, pertenezcan y participen activamente en  asociaciones vecinales, organizaciones sociales de base (como los Comedores Populares) o en grupos de barrio en temas de interés compartido, porque la participación sostenida en un grupo social fortalece el tejido social. Los pequeños grupos de interés hace que las personas establezcan horarios, lugares de reunión, coordinen, se den responsabilidades, plazos, se den tareas y rindan cuentas del  cumplimiento de esas tareas, debatan, expresen sus puntos de vista, se pongan de acuerdo, disientan, lleguen a consensos.

La cultura democrática se construye cuando la gente aprende que convivir, aprende la importancia de la distribución de tareas y responsabilidades para que la comunidad progrese y mejore su calidad de vida.

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"Cuando la gente de reúne para hablar –sea de las “barbies”, de moda, de la confección de las pelotas de fútbol, de la crianza de los niños o para analizar qué se hace con un adolescente del hogar- se fortalece la capacidad de la gente de interactuar, de decir su opinión, se escuchar la opinión ajena, de tomar decisiones, de planificar."
"Lamentablemente en el nuevo Perú urbano, la experiencia de vida asociativa es pobre. Es un deber de todos revertir esta situación."

Más democracia y mejora del bien común

La mayor participación, la conformación de asociaciones vecinales de diverso tipo, le existencia de un tejido comunal donde se participa cotidianamente de diversa manera, todo ello, mejora inmediatamente la calidad de vida en una comunidad. Baja la inseguridad, los vecinos se conocen más, se establecen mejores reglas de convivencia y de control social, mejora el cuidado de los espacios públicos. La comunidad siente y sabe que avanza.

Cuando el tejido democrático es más denso, entonces se dan las condiciones para impulsar una cultura de solidaridad, que nos hace corresponsables a todos por el bienestar básico de todos los miembros de esa comunidad, especialmente de los más vulnerables. Pero no es sólo “dar” y “no recibir”. Por el contrario, significa que todos también recibirán apoyo si -por diversas circunstancias- caen en situaciones de indefensión. Ser solidarios en nuestra comunidad no sólo es altruismo, es también una respuesta práctica para que todos estemos mejor y todos tengamos más protección ante las situaciones de vulnerabilidad.

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"No hay vida democrática ni comunidad democrática, donde el individualismo es la cultura dominante. No hay democracia cuando una comunidad no tiene a quién entregar una tarea relacionada al bienestar común, cuando la falta de participación no permiten hacer planes, donde no se puede identificar metas comunes ni planear actividades para lograrlas, cuando no hay - ni nadie pide- rendición de cuentas."